22 feb 2009

Liderazgo


Hay personas de alto y bajo perfil.

O mejor, hay momentos en que una persona quiere mantener un bajo perfil y en otros un alto perfil. A veces podemos sentir un hormigueo interno que nos impulsa a querer encargarnos de todo y sacar las cosas adelante, pero a veces, simplemente lo que queremos es que nos digan que hacer y hacerlo.


Pero incluso en esos momentos de alto perfil he podido distinguir varios tipos de actitud. Para mí hay personas de Alto-Alto perfil y otras de Alto-Bajo perfil.


A las personas de Alto-Alto perfil les encanta ser "líderes", les encanta mandar y que los demás reconozcan su estatus dentro de la organización en que se encuentran, tienden a ordenar las cosas en lugar de pedirlas y aunque aparentemente buscan promover la creatividad e iniciativa en sus colaboradores, al final siempre terminan haciendo lo que mejor les parece.


En contraposición, las personas de Alto-Bajo perfil pudiendo ordenar las cosas, prefieren pedir el favor; tienen una capacidad si no innata, sí muy bien desarrollada, para escuchar las opiniones de los demás, y permiten a sus colaboradores participar activamente, en cuerpo, corazón, mente y espíritu, en la construcción de una meta común.


En la vida me he topado con líderes de Alto-Alto y Alto-Bajo perfil, y he encontrado mayor afinidad en la segunda opción; aunque no niego que la "agresividad" del Alto-Alto perfil es la clave para que muchos proyectos funcionen, la verdad es que simplemente no puedo resistir a las personas dominadas por su ego, aquellas que creen saber, poder y hacer todo, aquellas que se creen imprescindibles; el primer deseo que tengo al tratar con alguien así es demostrarle que están equivocados.


Reconozco que debo trabajar en eso, puesto que es una prueba de que mi ego no ha sido del todo domado; también debo incorporar muchas cosas nuevas en mi visión del liderazgo.


Al final, todo hace parte del camino de crecimiento.

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