21 jun 2020

No quiero volver a sufrir por amor.

Hay cosas que tengo muy claras en la vida: amo los cerebros, creo en la magia y quiero un "feliz para siempre". Y por eso desde hace casi dos años no estoy en una relación, y no tengo muchas ganas de volver a tener una.

Por lo menos no una tradicional.

Quienes ya me leyeron en "Y dejé de echarle la culpa al amor" y quienes hacen parte de mi vida estarán familiarizadas con el cambio de paradigma que he estado desarrollando durante los últimos años. Y cambiar al amor implica cambiar las relaciones también.

Implica abandonar al patriarcado xD

Sé que este es el momento en que muchas personas vayan a levantar una ceja, o soltar una carcajada, o de plano, vayan a cerrar la ventana.

También sé que es el momento en que muchos pueden decidir seguir leyendo, a ver qué onda.

Gracias a los que decidieron quedarse.

En primer lugar les cuento que esta semana estuve leyendo "Mujeres que ya no sufren por amor" de Coral Herrera Gómez, y de esta lectura es que salen las reflexiones de hoy. Para quienes no la conocen, Coral es una investigadora española cuyo tema central es la crítica al amor romántico, y tuve la oportunidad de escucharla en febrero pasado en un evento realizado por el colectivo Puenteras, aquí en Bogotá.

Y antes de seguir, también creo importante aclarar algunos conceptos, porque en otras ocasiones cuando he hablado en mis redes sobre la crítica al amor romántico, muchas personas se han quejado porque piensan que estoy criticando el amor de pareja.

Y no.

Desde el marco conceptual feminista, el amor romántico hace referencia a un conjunto de características/creencias sobre la forma de relacionarnos, que están enmarcadas dentro del sistema patriarcal. No toda relación de pareja es romántica. Aunque sí lo son la mayoría porque hace parte de nuestra cultura y nuestro sistema.   

Así que cuando digo que no quiero volver a tener una relación romántica o que no quiero volver a amar románticamente, no estoy diciendo que quiera permanecer soltera el resto de mi vida.

Estoy diciendo que tengo muy claro lo que NO quiero volver a tener:

  • Una relación en la que tenga que abandonarme a mí misma para cuidar de alguien más.
  • Donde deba adoptar prácticas que no me gusten.
  • Donde deba preguntar y tener en cuenta los gustos de alguien más sobre aspectos DE MI PROPIA VIDA (como mi corte de cabello).
  • Donde hayan celos y posesión.
  • Con necesidad y dependencia amorosa.
  • Donde me traten como un trofeo, y que lo que importe sea ser "la oficial", mientras a mis espaldas pasan un montón de cosas.
  • Donde sea violentada.

Sé que ustedes dirán que no todas las relaciones románticas son así, y que esto en realidad son signos de relaciones tóxicas. Es cierto, lo sé. Conozco gente envuelta en relaciones románticas funcionales y aparentemente felices. 

Pero yo creo que en el fondo, toda relación romántica tiene potencial de convertirse en algo horrible, porque para cada uno de estos signos alarmantes, hubo previamente otras señales aparentemente inofensivas. 

Y esto lo creo porque he podido encontrar señales y signos en TODOS Y CADA UNO de los noviazgos que he tenido.

Y no, no es que tenga pésimo gusto, ni que me la haya pasado en relaciones con gente disfuncional. Todos ellos eran muchachos "normales", sin mayores dificultades.

El asunto es el sistema. Porque hemos sido criados en una cultura machista en la que los hombres se creen superiores a las mujeres y creen que debemos adoptar una posición sumisa en nuestras relaciones (cuando es por obligación, porque si uno es sumiso por elección propia, es otro asunto).

Y hemos sido criadas en una cultura machista en la que las mujeres creemos que debemos aguantarlo todo para no quedarnos solas.

Y yo ya no estoy para aguantarme esas cosas. No puedo tener una relación desigual donde se den luchas de poder en un campo de guerra, porque SPOILER ALERT: las guerras no tienen final feliz.

Ahora, siendo honesta, he de decir que si algo he consumido en mi vida, es romance: en forma de libros, películas, relaciones, y sí, hasta en forma de fichas.

Y creo que al menos por ahora seguiré haciéndolo porque amo los finales felices y amo ciertos clichés y la magia detrás de todo eso. Sólo que soy muy consciente que todo eso es ficción, y que la ficción no aplica a la vida real.

El único lugar en que el amor es mágico es en la ficción. Y aunque es algo que puede sonar súper estúpido, la mayoría de nosotros no nos damos cuenta de las historias que nos contamos sobre el amor, y mucho menos vemos la necesidad de desafiar esas narrativas.

Y eso es lo que estoy haciendo ahora que pienso en relacionarme nuevamente. Reevaluando esa idea de la complementariedad (ya saben, de andar buscando la media naranja que tenga todo lo que yo no tengo), y los mitos del amor absoluto (ese que es eterno y que todo lo logra), el del masoquismo romántico (porque si lo aguantamos todo, al final vamos a ser felices), y finalmente, el del "ser especial" (cuando me escogen por encima de otra persona).

En últimas lo que quiero es ser una mejor persona para, quizás, poder ser una mejor pareja, porque al asumir mi rol como la novia romántica, tampoco le he hecho bien a nadie. Empezando conmigo misma.

Así que en lugar de querer un amor que me traiga flores, me pinte pajaritos en el aire y me ponga un anillo en el anular, quisiera encontrar un amor compañero: tener una relación igualitaria, en la que cada uno no abandone su vida y sus gustos, donde estemos porque queremos y nos cuidemos el uno al otro. Que dure mientras seamos felices, y que termine en buenos términos.

Pero cuando digo eso, pienso que suena más utópico e imposible que la idea de encontrar un príncipe azul...

Las relaciones que he tenido en los últimos dos años me han enseñado muchas cosas y estoy segura que seguiré aprendiendo mucho más. Por lo pronto, soy muy consciente de que el amor es energía, y de que estoy aquí para pasarla bien, y espero que siga pasando en mis relaciones, de cualquier tipo.

Y si en algún momento llego a construir una relación de amor compañero, pues ya les contaré.

Mientras tanto, nos leemos en una próxima ocasión.

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