8 may 2020

Cuerpos

Esta reflexión comenzó al notar que mi Venus natal está en Leo. Supuestamente a una persona con esta configuración le gusta destacar, y yo, la verdad, he pasado toda mi vida escondida.

Ni siquiera cuando vivía en clima caliente y era super delgada, y podía usar ropa más destapada (y lo hacía), he sentido que resalte por mi cuerpo. Nunca es que le haya puesto mucho cuidado. 

Mi cuerpo nunca fue lo suficientemente flexible como para que yo fuera gimnasta como Kimberly, la pink ranger, y nunca corrí tan rápido como Cheetara de los Thundercats. Por eso siempre odié salir al recreo a jugar a Policías y Ladrones, y la materia que más canas me sacaba en el colegio era la Educación Física.

Mi cuerpo lo único que hizo fue funcionar y mantenerse vivo y en movimiento hasta que cumplí 30 años y la nación del fuego atacó. O más bien, la nación de la tiroides. 

Hasta esa edad la poca actividad física que hacía, era por gusto (tampoco era mucha, sólo caminar y entrenar ninjutsu por temporadas), podía comer casi que de todo sin tener mayores problemas de peso (de hecho siempre estuve por debajo de lo esperado para mi estatura), y aparte de la miopía y la mala alineación dental, no sufría mayores enfermedades (algo de gastristis de vez en cuando por el estrés pero ya había aprendido a manejarlo).

Los problemas de tiroides se unieron (o generaron, nunca lo sabré), una crisis de ansiedad. Y la verdad si no hubiera sido porque mi cuerpo recibió y soportó todo el daño, no sé qué habría sido de mí. De alguna forma, mantener la salud física es más fácil que la mental, y si tu cuerpo empieza a gritar AUXILIO, es casi que imposible no oírlo.

5 años después (estoy por cumplir 35), la tiroides estaba controlada, la ansiedad moderada y, después de estar estudiando la carta astral durante un año, había llegado el momento de ponerle cuidado a esa Venus en Leo y al  nodo Norte en Tauro.

Era hora de empezar a tener una mejor relación con mi cuerpo y con lo que percibía a través de él, es decir, con los sentidos. Y estaba yo en esas, muy concentrada, haciendo ejercicio a diario, cuando empezaron a aparecer señales por todos lados. Parte de eso debía ser culpa de Google y Facebook e Instagram que nos espían a todas horas, pero otra parte fue sincronicidad, porque incluso entre mi entorno cercano empezaron a aparecer más señales. 

Una de mis mejores amigas empezó a aprender fotografía y a especializarse en fotografía erótica. Otra simplemente subía fotos mostrando su hermoso cuerpo, sin ninguna intención en particular, sólo porque lo amaba. Varias chicas en redes se animaban a hablar de aquellas cosas que nos han dicho que callemos durante mucho tiempo, como la menstruación.

Y luego, en cuarentena, yo empecé a bajar de peso. La muerte de mi abuelo tuvo que ver, definitivamente, pero incluso así fue raro. Después de esa crisis de los 30 nunca había vuelto a bajar de peso durante mis periodos de tristeza. En estos momentos básicamente toda mi ropa me queda gigante, y vivo con la ropa del gimnasio puesta porque es lo único que me queda medianamente a la medida. Mi uniforme que en condiciones normales es suelto y comodito, ahora se me cae...

La última de las coincidencias llegó con el libro "Las mujeres que luchan se encuentran" de Catalina Ruiz-Navarro, el cual comencé a leer la semana pasada. El primer capítulo: "Cuerpo".

Y me terminó de volar la cabeza. Tanto que prometí que no iba a pasar al siguiente capítulo hasta que no me sentara a escribir al respecto. Y aquí estoy.

Como les decía anteriormente, nunca he tenido una relación muy cercana ni consciente con mi cuerpo. Solía ser delgada por genética, solía mostrarlo por la necesidad de usar ropa funcional para clima caliente, solía no practicar ejercicio por torpeza, solía no enfermarme por suerte supongo y solía tener dolores menstruales horribles por puro desconocimiento de mi ciclo.

También solía atraer personas sólo por ser tierna y a lo sumo "bonita". 

Luego me enfermé, y me tapé (bueno, en realidad comencé a taparme desde que me vine a vivir acá, el frío es parte también de mí).

Y ahora, no sé.

Vuelvo a ser delgada, aunque ahora con busto y cadera (si volver a mi peso pre-30s implica perderlos, no lo voy a hacer! aunque extraño un montón mis abs), pero ahora tengo que cuidar más mi alimentación; ahora hago ejercicio, porque me gusta y por mi salud mental más que todo; sigo viviendo en una ciudad fría, con frío, así que igual sigo tapada, sigo sin enfermarme mucho y mi ciclo y yo somos los mejores amigos.

Pero por primera vez veo mi cuerpo como algo más que un compendio de músculos y órganos y piel, lo veo como algo que llama la atención de alguna forma.

Porque ya no solamente soy bonita y adorable. Al parecer ahora "estoy buena". 

Y eso es súper extraño para mí, y le añade una ficha más al rompecabezas de mis relaciones. Lo que les decía en la entrada sobre el amor, cuando se le mete el cuerpo al asunto, las cosas pueden llegar a complicarse más.

Sin embargo, estoy decidida a seguirlo explorando y voy ahí, como siempre, con pasitos de bebé. Durante las últimas semanas he estado subiendo algunas fotos a mi Facebook, que es mi entorno de confort, fotos no tanto de mí, sino de mi cuerpo.

Y me han ayudado a verlo de otra manera.

Aún no me atrevo a hacer lo que hacen mis amigas, a mostrarlo por completo (y no, no hablo de nudes). Aún no lo quiero tanto ni me siento tan orgullosa de él, pero ahí vamos.

No sé de qué forma lo estarán viendo los demás, pero no me importa.

Lo siguiente será ir de compras cuando acabe la cuarentena, ver si me atrevo a salir de mi estilo de "niña juiciosa", como me dice un amigo. Ver incluso si me atrevo a ponerme ropa que está en un rincón del armario.

Aunque eso ya será otra historia.

No hay comentarios.: