Es hora de hacer los comentarios
correspondientes a las lecturas de los meses de octubre y noviembre; sí, lo sé,
dejé acumular muchos libros y ni siquiera he terminado el libro de diciembre,
pero el propósito de este mes era terminar de escribir para poder regresar a
mis amadas lecturas.
En primer lugar, las
presentaciones generales:
·
Octubre: “Los desafíos de la memoria”. Joshua
Foer. Seix Barral. 2011.
Regalo
de mi padrino en la navidad del 2012, casi pasó un año antes de que pudiera
leerlo. Narra la historia de Joshua Foer, periodista freelance, y su camino para convertirse en el campeón de memoria de
Estados Unidos en el año 2006. Este libro nos da acceso a un año de la vida de
Foer donde conoció (y ahora nos da a conocer a nosotros) bases clásicas de la
mnemotecnia que si bien no nos harán ganar concursos, sí pueden ayudar a
disminuir el promedio de 40 días que perdemos al año por culpa de lo que
olvidamos (según lo refiere el mismo libro).
Lo
adquirí en la FILBO 2013 y milagrosamente lo leí en el mismo año. De acuerdo a
su cuenta de Twitter (@NestorBraidot) el autor es pionero en la aplicación de
las neurociencias al liderazgo, y habiendo leído ya otra de sus obras (Neuromarketing, 2009), quise adquirir
esta obra (la cual fue una verdadera ganga), en la que tras presentar de manera
muy concisa conceptos básicos de neurociencia, propone un programa de
entrenamiento para mejorar nuestras habilidades cognitivas.
Como podrán notar, el foco de
estos dos meses fue el cerebro, lo cual no deja de ser peculiar, ya que trato
de no leer temas similares por períodos seguidos; sin embargo, al terminar el
mes de octubre me moría de ganas por leer a Braidot, y el libro no dejaba de
hacerme ojitos desde mi estantería de libros por leer.
Al empezar “Los desafíos de la
memoria” me estrellé un poco, ya que esperaba un libro más científico, y me fue
difícil sumergirme en la narrativa de Foer (no me importaba mucho lo que este
hombre había decidido hacer con un año de su vida), pero conforme avanzaba, la
experiencia fue absorbente. Es cierto, a través de la empatía o las neuronas en
espejo, nuestro cerebro puede sentir en carne propia las experiencias de otros,
y así fue como la narración de Foer se convirtió en mi propio camino de
mejoramiento.
Para ser honesta, nunca he tenido
problemas de memoria. En el colegio y la universidad me era muy fácil retener
la información para los exámenes, y en mi vida laboral mis compañeros y hasta
mi jefe me preguntan cosas con frecuencia. De hecho, sólo tengo problemas
recordando los rostros de las personas y asociándolos a un nombre, pero fue
realmente enriquecedor conocer un poco más sobre la historia de la mnemotecnia,
los diferentes componentes de la memoria, y los sistemas que podemos utilizar
para mejorarlos.
Lo mejor fue la reflexión y las
pequeñas chispas que se encendieron en mi mente en respuesta a temas abordados
en el libro, como:
·
Memorizar es un ejercicio imaginativo… ¿y qué sucede
cuando no hay imaginación?
·
Repetir para memorizar no es malo, lo que ha
sido malo es la costumbre de forzar a aprender mediante aburridas repeticiones…
¿y si al renegar y evitar la repetición en las aulas de clase, les hemos hecho
un daño a los cerebros de los niños, impidiéndoles desarrollar habilidades que
los ahora adultos sí adquirimos a punta de enfrentarnos una y otra vez con este
ejercicio?
·
El lenguaje parece estar muy ligado a la memoria:
-
Ligamos el sonido de un nombre con algo que
podemos imaginar
-
El bucle fonológico (la vocecita en nuestra
cabeza) permite que las cosas se mantengan en nuestra memoria de trabajo
-
El cerebro recuerda con mayor facilidad
estructuras rítmicas y repetidas, como las canciones
Entonces,
¿si hay un problema de lenguaje, nuestra memoria va a estar afectada?
·
Cuanto más llenamos la vida de recuerdos, más lento
parece que pasa el tiempo. La monotonía hace que el tiempo desaparezca… ¿y si
los problemas de ubicación temporal de mis niños son por puro aburrimiento?
·
Antes la gente se esforzaba por amueblar su
mente, pero ahora tenemos computadores que recuerdan por nosotros. Entonces,
¿qué sentido tiene ejercitar el cerebro?
En
estos momentos tengo dando vueltas por mi mente muchos componentes relacionados
con mi trabajo como terapeuta: lectura, escritura, lenguaje, canciones,
imaginación, niños felices, neurociencia. Que espero poder cohesionar en un
proyecto único con el que pueda acercarme más a cumplir mi misión con los
chiquitos.
El mes de noviembre empezó con
mucho entusiasmo, y creo que me devoré el libro correspondiente, en especial
porque está dividido en dos partes: teórica y práctica, lo que hace su lectura
fácil. Como lo pongo en algunos de mis
perfiles soy una neuro-lover, amo cualquier cosa que tenga que ver con el
cerebro porque creo firmemente que allí se encuentran todas las respuestas, y
este libro compila aquellas pequeñas cosas que todos deberíamos saber, ya que
pueden mejorar nuestra vida cotidiana.
El autor comienza
el libro recordándonos algo muy importante: “Debido al maravilloso fenómeno de
la plasticidad cerebral, todos podemos alcanzar altos grados de desarrollo siempre que exista la decisión de hacerlo”.
También es importante tener en cuenta que a pesar que nos enorgullecemos de
ser la especie pensante del planeta, es necesario recordar que además de la
neocorteza también hacen parte de nuestro cerebro componentes básicos que
controlan nuestras reacciones menos humanas, y más primitivas, y que es
necesario entrar en sintonía con ellos.
Todas
las experiencias repetidas modelan nuestro cerebro; es por eso que según la
cultura y el patrón de crianza se evidencian diferencias entre los cerebros de
hombres y mujeres. Si queremos desarrollar mayores habilidades debemos disponer
del ambiente ideal para ello, uno motivante, que invite al aprendizaje y al
desarrollo de nuevas experiencias, ya que el estancamiento en la zona de
comodidad atrofia el desarrollo de la atención y la creatividad.
Este libro contiene elementos
básicos para conocer el funcionamiento del cerebro, cosas que no está de más
recordar, como el desarrollo de las sinapsis, y los diferentes tipos de
neurotransmisores, sin embargo, el componente que más me gustó fue el
relacionado con el autoliderazgo emocional.
Como dije anteriormente, creo que
todas las respuestas están en el cerebro, sin embargo, he tenido muchas
dificultades al participar en procesos de mejoramiento como la psicoterapia ya
que muchas veces este “ser mejor persona” parecía venir de sitios mágicos (y si
bien creo en la espiritualidad dudo seriamente que algo aparezca por el sólo
hecho de sentarse a implorarlo). Últimamente las lecturas que hago sobre tema
neurocientíficos y las lecturas espirituales se están encontrando en un término
medio. Y parafraseando a Thor, tal parece que lo que ahora llamamos ciencia y
los antiguos magia, es en realidad lo mismo.
La percepción de un desarrollo
emocional como el entrenamiento de unas funcionas ejecutivas y el establecimiento
de unos patrones de pensamiento y comportamiento coherentes basados en la
interacción de unas partes químicas y biológicas, me dan mayor esperanza de
alcanzar mejores interacciones con mis congéneres.
Todo es cuestión de ponerlo en
práctica.


1 comentario:
me perdí esto!!! me encanta :D
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