La palabra otaku tiene dos acepciones, según el lugar en que te encuentres, ya que si estás en Japón (su lugar de origen) hace referencia a una persona completamente obsesionada con algo, básicamente un antisocial, mientras que este vocablo se ha expandido a Europa y América haciendo referencia a la persona que disfruta de las series de animación japonesas y su versión en historieta, anime y manga respectivamente.
Los mangas y las series de anime son un fiel reflejo de la cultura japonesa y han generado movimientos paralelos donde el otaku puede expresarse libremente, como los fanarts y fanfics, que son dibujos e historias hechas por fans con base a diferentes fiestas y el karaoke y el cosplay que ponen a prueba las habilidades de los otakus para cantar y actuar como sus personajes favoritos.
La enorme magnitud del movimiento otaku se ve claramente en los ingresos de los mangakas, las personas que crean los mangas, que alcancen enormes cifras anuales. Aún así, y a pesar que la generación otaku alcanza repercusiones globales, ser otaku es aún muy difícil, debido a todo lo que implica serlo, especialmente en sociedades como la nuestra.
Qué implica ser un otaku?
NOTA: Esta parte del artículo está basada en mi experiencia personal y en como desde mi infancia tuve que asimilar que era una otaku (aunque en ese entonces no sabía que eso era lo que era), cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
Implica aprender a vivir en una sociedad que no te comprende, aprender a vivir con la intolerancia y la ignorancia de las personas que te piden que madures y te dicen que ya eres muy grande para ver muñequitos.
Implica aceptar que siempre serás “diferente”, tan sólo porque desde que eres pequeña te das cuenta que tu mayor interés/hobby no es tratar de ser modelo/bailarina y obsesionarte con tu cuerpo llegando a adquirir trastornos de alimentación, sino que prefieres entretenerte con tus historias favoritas, que te impulsan a buscar quien será ese autor del que tanto hablan, o de dónde habrá sacado la idea para esa serie, y porque desde que eres pequeño notas que te interesan otras cosas que a tus compañeros no, que la aparente obsesión masculina por enfrentarse a pata y puño no es tan importante, y tampoco el fútbol, porque a medida que creces lo que más te importa no es el trago, las parrandas y bailar el ritmo de moda, donde la decencia del baile hace mucho que se perdió, sino que prefieres estar con tus amigos haciendo lo que más te gusta, de una manera saludable, que no daña tu cuerpo y enriquece tu mente.
Ser otaku implica aceptar muchas cosas y luchar diariamente contra la ignorancia de la gente, que no sabe que la animación es un arte, y que detrás de la forma animada hay un fondo lleno de referencias culturales, religiosas, mitológicas y literarias que nunca conocerías de no ser por el anime.
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