14 may 2022

Entrelazadas

Para el momento en que estoy escribiendo estas palabras en mi feed de Instagram puede verse a la derecha una foro de mi yo de hace 5 años y a la izquierda mi yo de ayer.

No fue planeado, pero ya saben que no creo en las coincidencias. No es coincidencia que esto vaya del último libro de Ángela Falla, porque ella parece ser de las pocas escritoras que me remueven hasta la médula. Pasó con “Sexópolis”, con “Estereotipadas” y pasa ahora con “Entrelazadas”.

Al igual que en mi comentario sobre “Estereotipadas”, debo hacer un disclaimer antes de continuar, aclarando que no solo Ángela sigue siendo mi amiga, sino que cada año nos amamos más. Además, ahora trabajo en Calixta Editores, así que mis opiniones siguen siendo sesgadas. Y siguen siendo mis opiniones.

Y en particular esta opinión va ligada a mi vida, así que, parafraseando a Taylor, lamento si estoy hablando muy duro mientras escribo sobre mi propia vida, en mi propia casa, la cual mantengo con mi propio dinero.



Porque hablar de lo que habla “Entrelazadas” no es fácil, menos cuando has vivido en carne propia cosas que le pasaron a sus protagonistas, y has recibido incredulidad al contarlo.

Pero en realidad creo, como dice la contraportada, que “quebrar el silencio puede cambiarlo todo”.

Esta es una novela a dos voces, que nos muestra aspectos muy diferentes de la violencia de género; estamos tan acostumbradas a pensar que ser violento solo se refiere a los golpes, a lo que es tangible, pero la verdad es que, al igual que pasa con el espectro suicida, es algo mucho más amplio y complejo.

A veces pasa que una persona llega de forma directa a la agresión física, al igual que a veces alguien llega al acto suicida. Pero por lo general, se recorre un camino para llegar a esto.

Para más información, pueden echarle una ojeada al Violentómetro, herramienta diseñada para poder ver todas las conductas violentas.

Creo que eso es lo que nos pasa muchas veces, no vemos.

En algún momento de la lectura me pregunté, ¿qué pasaría si una mujer que no fuera consciente de que la violencia de género existe, leyera este libro?

¿Vería que todas esas conductas que parecen tiernas y protectoras, son en realidad intentos de control?

¿Se daría cuenta de la forma en que se ha minimizado a sí misma para mantener feliz a su pareja?

¿Notaría que todo lo que está haciendo para alcanzar ese “final feliz” que nos inculcaron desde pequeñas la está destruyendo por dentro?

Al final del libro, mi pregunta principal cambió, y se convirtió en:

¿QUÉ HABRÍA PASADO SI MI YO DE HACE 7 AÑOS HUBIERA LEÍDO ESTE LIBRO?

Porque la pelirroja de hace 5 años estaba sonriendo y renaciendo, pero la pelimorada de hace 6 le tomaba estas fotos a sus libros:

Quisiera mostrarles como me veía en la época en que esas palabras resonaban conmigo, pero no tengo casi fotos de esa época, más allá de las típicas bonitas que me tomaba para las fotos de perfil, en las que parecía que no pasaba nada, que todo estaba bien.

¿QUÉ HABRÍA PASADO SI HUBIERA CONOCIDO UNA ESCRITORA COMO ÁNGELA EN ESE MOMENTO?

Nunca lo sabremos.

Por eso es por lo que libros como “Entrelazadas” son tan importantes, porque son historias que necesitan ser contadas para ayudar e incluso salvar a muchas mujeres.

Porque aunque yo esté rota y llena de remiendos, sigo con vida.

Otras mujeres no tuvieron la misma suerte.

Y ese es el sentimiento que me dejó el libro y el que me rompió por dentro: Saber que a pesar de todo por lo que pasé, soy una privilegiada, una persona “bendecida y afortunada” porque pude pasar esa hoja y seguir.

Quienes me conocen de cerca y saben lo que pasó y saben cómo soy ahora y cómo afecta eso a mis vínculos, lo entenderán.

Es una mierda pensar que debería estar agradecida.

Aunque lo esté.

Porque mientras leía, colocaba banderitas en cada una de esas cosas que me pasaron o me dijeron a mí también, en cada vez que me sentí como una mierda, como las protagonistas.

Y sin embargo, mi final no fue como el de ellas.

El cual no destriparé, pero si ya han leído a Ángela, saben que las cosas no suelen acabar bonito. Porque en general, bajo esas circunstancias, las cosas no acaban bonito.

Al final lloré un montón, por las heridas que no han sanado, por la culpa, y la rabia de no saber si este dolor se va a ir en algún momento.

Seguí llorando mientras escribía esto, mientras YouTube me mostraba las presentaciones en vivo de mujeres poderosas como Beyonce, Shakira, JLo y Pink.

Obvio, me mostró a Taylor también.

No existen las coincidencias.

Parte de mí quisiera no haber tenido que pasar por todo eso para ser la mujer fuerte que soy ahora, pero también sé que sin esa fuerza y sin esa experiencia no podría ayudar igual a otras.

Se necesitan músculos para demoler el patriarcado.

Gracias Ángela por recordármelo. 

Y gracias a quien sea que hizo que nuestros caminos se entrelazaran.

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