11 ene 2021

"Tenga cuidado"

Como mujer soltera es de las frases que más escucho: por parte de mi mamá cada vez que voy a salir de noche, por parte de mis amigas cuando voy a conocer a alguien nuevo, hasta por parte de mis amigos (sí, los varones), cuando voy a salir con alguien que no les cae bien o de quien han escuchado “cosas”.

Y sí, siempre tengo cuidado, porque en las condiciones del mundo actual estoy expuesta a que me roben en el Transmilenio, ya sea por cosquilleo, o a que me lesionen (o hasta me maten) por quitarme el celular o la billetera; estoy expuesta a que me digan cosas subidas de tono, sólo porque sí, o estoy expuesta a que me manoseen o se masturben frente a mí, y sí, también, estoy expuesta a que me violen.

Y hasta cierto punto, soy consciente de todo eso, y aunque me molesta, sé que hay cosas que no puedo controlar y que hacen parte del contexto social y cultural en el que vivo.

Lo que sí me molesta realmente es que mis propios amigos me digan que “tenga cuidado” con ellos o entre ellos. 

Una de las mayores conversaciones que he tenido con ellos al respecto es lo indignados que se ponen cuando se habla de “los hombres”, porque se sienten súper ofendidos cuando se les mete en el mismo saco al de algunos especímenes.

Y con toda la razón del mundo.

Hasta el punto en que ya, de mutuo acuerdo con algunos, empezamos a forzar un poco la pronunciación de “onvres” para entender en qué momento hablamos de unos y en cuál de otros.

Pero después de eso noté que, en casi todos los casos, alguien me ha hecho advertencias sobre alguno de mis amigos.

Y hago la aclaración, mis amigos no son malas personas. Que yo sepa no son acosadores, ni abusadores, ni violadores. Se les salen sus comentarios y chistes machistas de vez en cuando a todos, y como a todos y todas, y nada más.

Pero tal parece ser, que debo tener cuidado con ellos también.

Porque de todos cuentan alguna historia con alguna de sus exes, porque en muchos el exceso de licor puede predisponer a algún comportamiento inapropiado, porque alguno se ha pasado de coqueto con la novia de otro, o porque no “han sentado cabeza” con ninguna o no quieren hacerlo.

¿No es triste eso?

Es pensando en este tipo de cosas en que no logro comprender cómo se nos pierde el hilo del feminismo. Cómo no entendemos que es necesario luchar contra un sistema que nos hace daño a todos, y que, aunque aparentemente hace que los hombres “ganen”, en realidad los tiene también a su merced, obligándolos a hacer un montón de cosas para que su masculinidad no sea puesta en duda, y a la vez, pasándolos rápidamente al bando de los “monstruos” cada vez que los descubren en alguna de esas cosas. (Porque lo malo no es que las hagan, sino que los descubran #sarcasmo).

Y no.

Todas aquellas personas que salen en los titulares como sospechosos (hasta que se pruebe lo contrario) de abuso o de asesinato no son monstruos, ni están locos. Son el producto de la sociedad en la que se criaron y que les enseñó que la mujer es de su propiedad, y que está ahí para satisfacer sus deseos.

De una forma u otra todos tenemos esa idea en la cabeza. Y si bien cuando somos pequeños no tenemos las herramientas para impedir este adoctrinamiento, es nuestra responsabilidad como adultos en desarrollo de consciencia, limpiarnos de tantas cosas que hacen daño. 

Responsabilidad que no todos asumen, y por la cual a mí me tocará seguir teniendo cuidado.


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