Uno de mis capítulos favoritos de Los Simpsons, es ese en el que el sr. Burns pretende monopolizar los medios de comunicación, y Lisa comienza a imprimir su propio periódico. Al final del episodio, casi que cada habitante de Springfield termina haciendo lo mismo.
Bueno, Los Simpsons lo predijeron otra vez.
En estos momentos, la mayor parte de las personas que conozco tienen al menos un canal de comunicación, el cual utilizan para dar a conocer ya sea un pasatiempo, o su trabajo, o sus pensamientos, o todos los anteriores. Algunos lo hacemos por placer, otros con fines de monetización, porque vivimos en un mundo en que el número de seguidores y de likes puede generar beneficios económicos o de imagen.
Tener algún tipo de actividad en redes sociales puede llegar a ser un soporte para nuestros intereses.
Ahora, a consecuencia de la cuarentena he visto como estos canales han aumentado significativamente (no en vano este blog abrió nuevamente precisamente por esta situación), y eso me hace cuestionarme sobre efectos y motivos.
Cada cual tendrá sus motivos para recurrir al desarrollo de contenidos, pero creo que todo parte de esa necesidad primaria que tenemos de expresarnos y de hablar de lo que nos gusta y de lo que sabemos.
Pero, ¿qué pasa cuando no sabemos?
Debo admitir que me gusta consumir contenido de todo tipo, pero bien hecho. Sigo a una gran variedad de personas, que hablan desde temas espirituales, pasando por temáticas feministas y neurociencias, hasta de libros y otros pasatiempos.
Leo libros más o menos dentro del mismo espectro de intereses.
Y no hay nada más decepcionante que encontrarse con alguien que habla con una seguridad increíble de un tema del que no tiene idea, o del que no le corresponde hablar.
No me malentiendan, creo que todos tenemos derecho a expresar nuestras opiniones; pero una cosa es comentar, y otra muy diferente empezar a decir barrabasadas al aire.
Peor aún cuando tienes determinado número de seguidores o influencia.
Aunque pareciera que al menos en Colombia eso no importa. Somos expertos en hacer famosa a gente estúpida (aludiendo a la frase "Stop making stupid people famous"). Muchos de los influencers más reconocidos son tendencia frecuente en Twitter no precisamente por decir las cosas más inteligentes.
El problema es que cuando eres inflluencer, pues influencias (and haters gonna hate, hate, hate, hate, hate), y muchas veces nosotros como público no logramos ser críticos con respecto a lo que consumimos, ni a las figuras que seguimos.
Tan sólo viviendo solos en una cueva y siendo completamente independientes podríamos escapar a la influencia cultural. (Y no estoy segura de eso en realidad).
Por eso escuchamos los consejos de personas sin preguntarnos siquiera si saben de lo que están hablando.
Por eso hay tanta gente convencida de que el COVID-19 no existe, y que los termómetros infrarrojos nos matan las neuronas.
(Pero quién sabe, tal vez todas las teorías conspiratorias son verdad, y quien está equivocada soy yo).
Y si eso es grave en el ámbito de los pasatiempos, se hace aún peor cuando pasamos al ambiente "profesional", y vemos la proliferación de los coaches.
No hace mucho comentaba indignada en Facebook sobre un video de una charla TEDx que me habían recomendado sobre "cambio de hábitos": el ponente, un administrador de empresas con experiencia en gerencia y docencia en temas netamente administrativos, se llenaba la boca hablando de descubrimientos del cerebro. Al revisar más a fondo su hoja de vida, allí estaba, la certificación en coaching.
Y nuevamente, no me malentiendan, cuando me formé como administradora de empresas me hablaron de los coaches y de como se habían desarrollado bajo el modelo de los entrenadores deportivos.
Y es que tiene todo el sentido, si quieres aprender fútbol americano, pues vas con un entrenador de fútbol americano.
Hasta ahí todo bien.
El problema empieza cuando tienes una dificultad emocional, y vas con una persona que no tiene ni idea de cómo funciona la mente, pero que se atreve a darte consejos y tú se los recibes porque es un coach.
Los coaches pueden ser buenos cuando necesitas desarrollar una habilidad específica, y cuando la profesión del coach le ha preparado para entrenar en esta habilidad. Por ejemplo, si tienes problemas con tus finanzas personales puedes ir con un coach que sea de profesión contador o economista, y te va a ir bien.
Pero pareciera que la certificación en coaching los habilitara para hablar de todo y enseñar de todo y no es así. Comenzando porque dicha certificación no da una formación profesional ni de especialización, generalmente son cursos o diplomados, que se consideran como educación no formal.
Lo segundo que me parece grave, al menos a mí, es que después de revisar diferentes planes de certificación de coaching encontré que tienen en común la enseñanza de métodos que no tienen evidencia científica como la PNL. Aunque en últimas cada quien aprende lo que quiere, igual el efecto placebo también existe en el cerebro y puede que incluso hasta funcione aunque sea por chiripazo (y lo dice alguien que aprendió PNL como parte de su formación de pregrado).
Y finalmente, lo que menos me gusta y que me afecta personalmente es que cuando te pones a escuchar las diferentes charlas y a ver publicaciones de coaches con frecuencia hablan del cerebro a través de neuromitos, y suelen decir que "se basan en investigaciones", pero las investigaciones no aparecen por ningún lado.
Y de esa manera van por la vida influenciando a la gente.
¿Y entonces?
El fin de esta publicación es la de siempre, expresarme y desahogarme, dejando algunos puntos que considero importantes para reflexionar:
1. Creo que es importante que seamos cada vez más conscientes de las cosas que publicamos, de la confusión, el malestar y hasta el odio que podemos ocasionar con un sencillo meme. Y además, que nos acostumbremos a cuestionar y revisar las cosas que republicamos, no porque esté en Internet, es verdad.
2. Cuando escribamos algo propio, hagamos las distinciones correspondientes entre opiniones e información. No pretendamos hacer pasar una cosa por otra.
3. Si no estamos seguros de algo o no es nuestra posición, no aconsejemos. No sabemos cuánto daño podemos ocasionar por andar hablando de lo que no sabemos. En especial cuando se trata de la vida y la salud de otro.
4. Si son influencers o quieren serlo, sean un poco más consciente de lo que pueden causar en la vida de los demás. Y cuando estemos en el otro lado de la barrera, recibiendo contenido de influencers seamos críticos con lo que estamos consumiendo, no comamos entero.
5. Si necesitamos ayuda en algún tema, informémonos sobre quién puede ser la persona idónea para ayudarnos; revisemos trayectoria, hojas de vida, experiencia y recomendaciones. Si vamos a poner nuestra vida en manos de alguien más, no le creamos sólo a un comercial o a una publicación en redes.
Eso era todo. Al menos por ahora.
Sigan cuidándose lo mejor que puedan y nos leemos pronto en otro desahogo de cuarentena.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario