En capítulos anteriores…
Nuestro infinito particular es lo más maravilloso que tenemos, y nos
debemos por lo menos conocerlo.
Es nuestro trabajo conocernos por
amor, y es por eso que en la segunda parte de su conferencia, Mia quiso
presentarnos los cuatro tipos de identificación más comunes, para ayudarnos en
nuestra labor de deshacernos de estos patrones. Siendo fiel a su caja
herramientas, doto a cada uno de ellos de un nombre y una personalidad, y fue
más allá, mostrándonos además pequeños videos de estos personajes interactuando
en la vida cotidiana.
#SoyCarla:
“La que lo entrega todo”
#SoyVicky:
“La que no entrega nada”
#SoyAlessia:
“La aniñada”
#SoyLinda:
“La balanceada”
Y si son como yo, han ido por la vida siendo Carla, y Vicky,
y Alessia y Linda. Porque el punto es que no nos hemos dado cuenta de las
nuevas identificaciones que tomamos cuando cambiamos las antiguas.
Es el problema de las etiquetas. Pareciera que uno no puede
andar por la vida sin una. Es por eso que no deberíamos tomárnoslas tan en
serio. Que nuestras conductas (algo que hacemos) no se conviertan en nuestra
identidad (algo que somos).
Así que, ¿qué podemos hacer para hacernos amigas de estas
chicas (nuestra incomodidad)?
- Ayudar a Carla a poner límites.
- Darle a Vicky la oportunidad de sentir y sanar.
- Aterrizar a Alessia en el mundo real (y darle algunas herramientas de afrontamiento diferentes a ponerse a llorar).
- Enseñarle a Linda a decir que no.
Al final, lo que buscamos en una relación es crear puntos de
encuentro, y si llegamos a ellas con una máscara, no podemos más que aceptar
las consecuencias de lo que pueda pasar. Es nuestra responsabilidad sanar la “pequeña
locura” para generar un punto de encuentro con nosotras mismas, y que cuando
llegue el otro, sepamos reconocer a quien está en nuestro mismo plano, de forma
que podamos decir
MI LOCURA AMA TU
LOCURA
Y sea cierto.




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