20 mar 2017

Leyendo revistas...



Esta mañana encontré entre mis noticias de Facebook esta publicación, compartida por una muy querida conocida.

Al principio puede dar risa, de hecho, me pasó, porque sí, son títulos tan de revista de mujer. Y después de la risa me dio rabia, y también tristeza.

Para contextualizarlos un poco, debo contarles que he amado las revistas desde niña, empecé con las Barbie, luego pasé a la revista Tú, luego a la Cosmopolitan, y actualmente estoy suscrita a la revista Fucsia. Estas fueron solamente las que coleccioné, porque en el medio compraba o leía todas las que tenía a la mano.

No es en vano que una de mis películas favoritas sea “El Diablo viste a la moda”.

Y aunque haya disfrutado mucho con ellas, no puedo evitar a cuestionarme el daño que le hayan podido hacer a mi cerebro.

Precisamente esta semana en la BAW hablaba de la necesidad de ser consumidores responsables, y ponerle atención a lo que le dábamos a nuestro cerebro. Hace 20 años era algo que ni siquiera nos planteábamos.

La verdad es que, desde muy pequeños estamos expuestos a toda clase de imágenes, y toda clase de información que pretende definir el “cómo debemos ser”; hablo en términos femeninos porque conozco de primera mano la experiencia.

Desde la más temprana infancia nos invaden (o no) con cosas “para niñas”; incluso en el caso de las madres que no quieren caer en los estereotipos, muchas veces terminan yéndose al otro extremo y cayendo en el otro modelo “el de la niña-niño”.

A medida que vamos creciendo, vamos teniendo acceso a innumerable cantidad de consejos o “tips” para muchas cosas: “cómo ser la más popular”, “cómo hacer muchas amigas”, “cómo mejorar en los estudios”, y luego más adelante “cómo atraer al chico que te gusta”, “cómo maquillarte para resaltar tus atributos (u ocultar tus imperfecciones)”.

De hecho en otra de mis películas favoritas “Cómo perder a un hombre en 10 días”, la protagonista Andy (interpretada por Kate Hudson) es la chica “How to” de su revista, la que escribe este tipo de artículos, y ESTÁ CANSADA DE SERLO.

Incluso cuando llegamos a ser mujeres “hechas y derechas”, seguimos consumiendo este tipo de cosas; si eres soltera, para eso está Cosmopolitan, si eres casada o madre, Vanidades o Buen Hogar.
Y en realidad, cada nicho de consumo tiene sus propias publicaciones, que te están diciendo frecuentemente cómo ser fitness, cómo ser madre, cómo ser soltera, etcétera, etcétera, etcétera.

Como les decía, hablo en términos femeninos porque me es mucho más sencillo. Pero no ignoro lo que “mi lado de la historia” le puede hacer al otro: los hombres. Porque perpetuando este tipo de material, resaltando la necesidad de “arreglarnos para que nos conquisten”, hacemos que el hombre siga en su papel de “cazador”, resaltando nuestras emociones innatas, hacemos que el hombre siga siendo “el práctico” en su manejo, o peor aún, "el insensible", reforzando comportamientos “superficiales” seguimos vinculando los papeles de “bonita pero bruta” e “inteligente pero fea”.

Es por eso que ser feminista no se trata de odiar a los hombres, ni de pretender sólo la igualdad en lo que nos convenga. Ser feminista se trata de la equidad, de que cada uno reciba lo que necesita, de que seamos valorados como personas y no por nuestro género. Sí, es cierto, debería recibir otro nombre, porque el asunto “femi” deja muchas cosas por fuera, y hace que no se entienda todo el complejo del movimiento.

Pero si nos quedamos peleando por la forma de las cosas, nos vamos a seguir perdiendo el fondo.

Y entonces, ¿QUÉ HACEMOS?

¿Irnos en masa contra las editoriales a pretender acabar con un negocio que mueve millones? ¿Atacar a las personas que sigan consumiendo estos productos? ¿Meternos en una cueva para que no alcancen nuestro cerebro? 

Pues no.

Pero es sólo mi opinión.

Al menos no es lo que yo voy a hacer. Simplemente estoy haciendo ahora lo que debí empezar a hacer hace 20 años (ni modo, era una niña ignorante entonces), comenzar a revisar lo que consumo, y a “no comer entero”, no dejar que mi cerebro pase y absorba todo esto sin que yo haga nada para evitarlo, cuestionar cada cosa, por mínima que parezca… y depurar lo que llevaba tantos años consumiendo.

Es difícil, es cierto, pero es lo mínimo que puedo hacer para hacer de mi vida y mi mundo un lugar mejor.


No hay comentarios.: