Para mí, uno de los temas principales de la pandemia (y todos los cambios que ha generado), ha sido identificar cómo y en qué puedo emplear mi energía, y de qué forma puedo recargarla, porque en algunas ocasiones, actividades previamente probadas (como leer y escribir) no fueron suficiente para generar bienestar o ayudarme a manejar mi ansiedad.
Uno de esos días decidí realizar un "en vivo" en Instagram; me estaba sintiendo muy cómoda en esa red y era la que más estaba manejando en el momento. Funcionó.
Y el cerebro repite lo que funciona.
Desde ahí nació "Divagando", un espacio en el que suelo hablar de todas las cosas que me estén llenando la cabeza en el momento y de los temas que me importan, en compañía de mis amigos, que son un montón de personas SUPER inteligentes y que me enriquecen un montón.
Han sido 10 noches de charlas maravillosas, y en algún momento pensé en que sería bueno escribir también al respecto. Luego la vida pasó, y se me olvidó; sin embargo, el martes pasado estuvimos conversando nuevamente, después de no hacerlo en mucho tiempo, y sentí que se quedaron muchas cosas en el tintero.
Así que aquí estoy, escribiendo.
En general, divago casi siempre sobre el poder que tienen las historias en nuestras vidas; ya sea porque vi alguna serie o película que me impactó, o porque leí un libro que me fascinó, o porque me pasó alguna de esas cosas raras que suelen sucederme y que parecen escritas por un autor un poco experto en cliffhangers.
Nuestro último tema fueron las relaciones y fenómenos psicológicos que experimentamos con personajes ficticios; principalmente la identificación y la representación.
En mi biblioteca tengo muchos libros con protagonistas que amo, otros con las que me identifico, y otros (más bien poco) con las que siento que me representan.
Y creo que es necesario conocer la diferencia.
¿Por qué? bueno, porque a un nivel neurobiológico, consumir ficción se siente muy real. Exagerando un poco, el cerebro cuando ve/lee/escucha una historia libera muchos químicos similares a los que liberaría si la situación fuera real. Además, algunos estudios han mostrado que, aunque la trama es importante, muchas personas se involucran más desde los personajes.
Y es que la identificación pone en marcha procesos como la empatía, la imaginería mental y la teoría de la mente. Cosas sobre las que todavía no me siento muy cómoda hablando, porque siento que me hace falta aprender un montón.
Pero, en resumen, cuando nos identificamos con un personaje, es decir, cuando podemos percibirnos a nosotros mismos en sus pensamientos, sentimientos y sucesos, nuestro cerebro activa muchas de las partes y los procesos que trabajan cuando nos relacionamos con otro ser humano.
La identificación es un proceso más bien subjetivo, y muy amplio. Solamente necesitamos sentir que el personaje, de alguna forma, no importa cuál, es un "como yo". Puede ser porque se parezca físicamente, o porque tenga algunos rasgos compatibles con nuestra personalidad, etc.
Por ejemplo, en mi caso, algunos de los personajes con los que más me he identificado a lo largo de mi vida, han terminado convirtiéndose en aquellos de los que he hecho cosplay: Sailor Mars, Soi Fon, la princesa Serenity, entre otras.
Básicamente no hago cosplay de un personaje con el que no me identifique.
Cuando hablamos de la representación/representatividad (del anglo representation), nos referimos a la manera en que las personas son mostradas y caracterizadas, ya sea en los medios de comunicación o en las historias. Esto coloca el foco en el emisor del mensaje, no en el receptor como sucedía con la identificación.
Y cuando hablo de las historias que consumo, como libros y series, siento que la representatividad es muy importante y que es necesario empezar a contar historias diferentes protagonizadas por personas diferentes.
No porque sea una moda, no porque en cada historia tengamos que cumplir una cuota de personajes mujeres, afrodescendientes, asiáticos, LGTBI, etc. Sino porque la vida es variada, y las historias que nos contamos influyen en el desarrollo de nuestro cerebro.
No somos estereotipos, no somos modelos reducidos, y ya es hora de que los medios empiecen a reflejar esto. Manejar una "historia única" es peligroso y sus efectos pueden verse en la sociedad actual. O bueno, al menos yo, con mi perspectiva y mi escala de valores lo veo.
Pero sé que no todo el mundo lo hace, porque hablando con algunos conocidos escritores, suelen mostrarse algo "picados" cuando hablo de este tema. Suelen sentir que se les está exigiendo que cumplan con alguna norma, o que se les está diciendo cómo hacer su trabajo y obligando a escribir.
Y dentro de lo poco que sé de escritura, yo siento que es todo lo contrario. Creo que trabajar desde la representatividad sería como la herramienta de mayor libertad que podría recibir un escritor; libertad para salirse de los personajes típicos y estereotipados, de la damisela en desgracia, del protagonista que no puede expresar sus sentimientos, del final "felices para siempre" de todas las novelas de romance, y del "viaje del héroe" clásico de toda épica de aventuras.
Trabajar la representatividad no quiere decir llenar cupos en cada historia, sino darle a nuestros personajes la posibilidad de ser quienes quieren ser, más allá de los estereotipos.
Mi referente favorito de representatividad es Rick Riordan; su personaje más reconocido, Percy Jackson, nació al contarle historias para dormir a su hijo. Percy tiene dislexia y trastorno por déficit de atención e hiperactividad, Haley Riordan también los tiene.
Y habiendo trabajado con niños con trastornos de la conducta y el aprendizaje, he podido apreciar lo poderoso que ha sido para ellos conocer a un héroe que los representa, que tiene problemas por no poderse quedar quieto, que pierde materias y cambia de colegios, y a pesar de todo eso, sigue siendo el héroe. No el malo que les dicen frecuentemente que son en sus propias casas y colegios.
A nivel personal, he encontrado que me identifico con Cath, la protagonista de Fangirl de Rainbow Rowell, y más allá de eso, creo que Cath es un modelo de representación para las personas que, como yo, sufren de ansiedad social. La forma en que Rainbow la creó, mostrando no sólo su ansiedad, sino muchos más aspectos de sí misma sin caer en la estereotipia, me pareció maravillosa.
He conocido muchas personas que odian a Cath, les parece fastidiosa, y les molestan muchas de sus conductas, algunas de las cuales están directamente relacionadas con la forma en que la ansiedad se presenta en ella.
A ellas, Cath no las representa, y eso está bien.
Precisamente así debería ser. Creería yo que es imposible crear un personaje que nos represente a todes, porque no hay una sola forma de ser mujer, o ser hombre, o ser latines, o ser lo que sea.
Pero si cada persona pudiera explorar historias, y encontrar personajes con los que se siente identificados, y, más allá de eso, personajes que sienten que le representan, eso sería maravilloso.
Si cada uno pudiera sentir el poder que han sentido mis niños al conocer a Percy Jackson, o el poder que yo misma sentí al conocer a Cath, sería espléndido.
Pero para que esto suceda, los creadores tendrían que empezar a ampliar un poco el rango de sus personajes. Sólo porque pueden hacerlo.
Por eso, como consumidora de ficción, como terapeuta, como feminista, y como yo, mi mensaje para ellos sería este:
Creen el personaje que quieran, con las características que quieran; no tiene que ser una mujer empoderada (otro estereotipo en el que creo que estamos cayendo), no tiene que ser un personaje homosexual o bisexual, no tiene que ser un personaje de ascendencia asiática, si no quieren que lo sea.
Pero tengan en cuenta que personajes diferentes cuentan historias diferentes, y, estoy casi segura, que ningún creador anda por la vida queriendo hacer lo mismo de siempre.
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