9 sept 2012

DOMINGOS



Tal vez para muchos el domingo sea el último día de la semana, pero para mí en realidad es el primero, y me ha tenido pensando mucho últimamente. De lunes a sábado no tengo mucho tiempo para pensar, pero el domingo es MI día, donde soy dueña de mi propio tiempo y muchas veces no sé qué hacer con él y se desperdicia.

Más que todo, extraño los domingos en mi casa. En Cúcuta en un domingo normal nos levantamos temprano (bueno, no tan temprano como entre semana, pero aún así, temprano), leemos el periódico y desayunamos juntos.  Luego, cada uno hace sus cosas, teniendo siempre de fondo el cantar de los loros, hasta la hora del almuerzo y después de almorzar es el tiempo de descansar ahora sí.


Aquí mis domingos empiezan muy temprano (Saori no diferencia aún el domingo de otros días) y luego de darle de comer, quedo sola en una casa callada (porque la gata apenas ve satisfechas sus necesidades se duerme de nuevo). A veces logro reunir la motivación para hacer algunas cosas típicas, generalmente el aseo, pero pierdo mucho tiempo divagando y no alcanzo a lograr muchas cosas. Luego, paso toda la semana añorando el tiempo de los domingos.

Tal vez algunas personas piensen que no pasa nada, el domingo es el día para descansar, pero a decir verdad, mi rutina entre semana ya tiene tiempos para el esparcimiento, y además, descanso en verdad los días sábados. El domingo necesito ser productiva, necesito emplearlo para alcanzar todos esos logros de mi vida que tengo en espera (como la tesis), pero muy rara vez consigo empezar a hacer algo.

Claro que eso cambiará a partir de hoy :D Hoy es mi último domingo con 26 años, y estoy en proceso de reinvención.
Hoy, domingo 9 de septiembre a las 9.09 (mentira, son las 7.44 am, como les decía, Saori no discrimina) comienzo con un hábito, o más bien con EL hábito que me ayudará a hacer de mi año número 27, EL año de mi vida.

Mi año número 26 fue un buen año, y se produjeron muchos cambios, aunque la gran mayoría de ellos realmente no estuvieron bajo mi control. A nivel personal cumplir 26 y darme cuenta que ya había pasado el primer cuarto de mi vida y aún así no había logrado mayor cosa desde mi graduación a los 22 fue realmente traumático; eso generó una gran reflexión en torno a quién soy y lo que hago; la mezcla entre lo que he sido y hecho y lo que quería ser y hacer fue complicada, pero logré identificar aquellos principios, personas y cosas que realmente me gustan y preocupan, y en las que quiero invertir mi tiempo.

Aunque todavía hay cosas por resolver, particularmente mi espiritualidad y mi rumbo laboral, en general, creo que estoy mucho más enfocada en vivir MI vida que antes, con excepción de una cosa:

La Procrastinación.


Convertirme en una procrastrinadora crónica fue terrible para mí, quien siempre se consideró una persona responsable y comprometida. No saber por qué había pasado esto fue aún peor, ya que se relacionó directamente con mi autoconcepto, el cual ya estaba algo afectado por una depresión media que tuve el año pasado.

Tal vez la procrastinación llegó como rebote de este estado emocional, un mecanismo de defensa frente al dolor que provoca no alcanzar tus logros, siendo mejor no intentar nada para no decepcionarse luego. O tal vez simplemente fue la consecuencia esperada tras muchos años de desconocimiento.

Ahora sé que las causas de la procrastinación están relacionadas con la baja autoconfianza, la motivación y la impulsividad. En mi caso, a veces procrastino porque no estoy segura de lograr lo que quiero (por ej. Mi tesis), otras porque no me gustan las tareas que tengo por hacer (Ej. Los informes del trabajo) pero por mi personalidad, generalmente procrastino porque siempre aparece alguna otra cosa más divertida e interesante que me genera una gratificación instantánea. Soy impulsiva.

Y darme cuenta de esto fue lo peor del mundo, porque como decía antes se relacionó directamente con mi autoconcepto, y mi imagen de persona calmada, responsable y racional.

Y no es así. Me falta mucho desarrollo de mi sistema límbico, y contrario a lo que siempre pensé, tener buenas habilidades cognitivas, no significa para nada que mis corteza prefrontral esté bien desarrollada.

Necesito tener más autocontrol. Y aunque mi jefe lleva dos años diciéndomelo, yo hasta ahora me doy cuenta.

Es por eso que de una cosa paso a la otra, queriendo hacerlo todo y sin lograr nada, queriendo ser experta en todo aquello que me interesa, y tener tiempo para todo.

Y es imposible.

Pero antes de darme cuenta de esto, estaba conviviendo peligrosamente con una tendencia latente a la bipolaridad, pasando de estados depresivos a maníacos, y acercándome después de vieja a un trastorno de déficit de atención (aunque tendría que revisar mis antecedentes, mi cabeza dice que de niña no tuve problemas atencionales, pero no puedo confiar mucho en la forma en que ella me ve, y la teoría dice que los problemas atencionales no surgen de la nada en la adultez, a no ser que se presente un evento cerebral)

Es hora de ser un poco más consciente de mi vida y de mi tiempo, y de lo que quiero lograr con ambos, simplificando las cosas, porque ya no se trata de tener que escoger al tin marín en un abanico gigante de posibilidades, sino de reducir el tamaño de ese abanico para poder usarlo adecuadamente.


Es hora de tomar el control y vivir la vida para que ella ya no viva por mí!

No hay comentarios.: