22 ago 2010

Geisha, o de cómo toda mujer es una artista



Literalmente, "artista", mujer dedicada al arte, entendiendo arte como cualquier actividad realizada con una finalidad estética o comunicativa, a través del cual se expresa la propia visión del mundo.

La semana pasada visité la XXIII Feria del Libro de Bogotá, y al igual que en los dos últimos años, fue una experiencia sublime; miles de libros, sobre miles de temas afines a mis intereses convierten a la Feria en una de mis Mecas personales.

A partir de esta visita, y de algunos hechos ocurridos en las últimas semanas, he comenzado a reflexionar frecuentemente sobre los caminos de la vida, y sobre mi camino en particular. Durante mucho tiempo he pensado en lo difícil que es en realidad escoger y seguir un camino de vida, cuando no estás segura de que la elección sea la más adecuada, y cuando sientes que escogiendo estás abandonando muchas otras posibilidades que también te interesan.

La respuesta definitiva, o más bien, el inicio de muchas otras más la dio la lectura de "Vida de una geisha" de Mineko Iwasaki.

Desde pequeña me han fascinado los arquetipos, aquellas figuras eternas, residentes en la memoria colectiva, formas ideales que sobreviven a sus creadores a través del tiempo adquiriendo vida propia. Así las figuras de las divinidades de la luna, las princesas, y los signos zodiacales fueron siempre símbolos muy importantes en mi vida... sin embargo, dentro de estos símbolos, había dejado de lado a uno muy importante, algo imperdonable dado mi interés por la cultura japonesa.

La geisha, la verdadera figura japonesa libre de todos los malentendidos que la han sexualizado en Occidente, es una mujer entregada al arte, literalmente una "artista", un verdadero ideal de vida.

¿Una geisha un ideal de vida? ¿En Occidente? ¿Y para una persona que de artista tiene más bien poco?

Sí, tal vez sea algo difícil de entender para los que me conocen, incluso para mí misma si me centro sólo en la definición tradicional de "arte"... la pintura, la música, la historia, el drama, la poesía, la danza y la astronomía (según los arquetipos clásicos de las musas griegas) son actividades que a lo largo de mi vida fueron y vinieron, pero no permanecieron mucho tiempo... entonces, ¿ cómo es que ahora se me ocurre que quiero hacer de una artista uno de mis modelos de vida?

Todo comenzó uno de aquellos días en que comencé a recordar todos aquellos deseos que he hecho a un lado, aquellos sueños de convertirme en diseñadora de modas o de interiores, en comunicadora social, en profesora, todos aquellos amigos que se quedaron en el camino, y todos aquellos "pude haber sido" que no se convirtieron en realidad... continuó cuando en la Feria veía tantos libros de tantas cosas que me interesan pero que no estoy desempeñando en este momento de mi vida... y finalizó cuando al leer "Vida de una Geisha", recordé aquellos sentimientos de realización que tenía cada vez que hacía alguna de esas actividades.

Y es que ser una artista no se limita a ser experta en cada una de las cosas que me gustan (ya quisiera poder simplemente dedicarme a aprender todo lo que me gusta con la misma dedicación con que las maiko - geisha en formación- lo hacían),  sino a hacer cada una de esas cosas de corazón, dejando un poco de mí en cada una de las creaciones, ya sea una historia, una canción o un plan de tratamiento.

Finalmente, la frase que más me impacto de este libro, y que resume la filosofía detrás de la vida de una geisha "Las profesionales se encargan de que todos estén felices"... así es también una profesional de la vida, una mujer que se entrega a los demás tanto como a sí misma, y que no permite que su ego domine su vida... es por eso que quiero ser una geisha, tano como una kunoichi, aunque esa, es otra historia!

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